Sentir el pecho tibio. Sentirte cómoda, tranquila, en paz. Sonreír tan fácil como lo que es respirar. Besar hasta que duela, con todas tus fuerzas, porque cuando lo haces ni siquiera recordás como es respirar, como es ser uno, individual, te conectás al otro, mientras más fuerte lo abrazás mas calor sentís en el pecho, como si no hubiera nada más que el ahí y el ahora y como si esa persona ya fuera parte de vos.
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