Hoy, no hay nada que hacer.
Ayer me decidi a estar en paz. A dejar de lado todo el dolor, a expulsarlo (se podria decir) y dejar que la felicidad me invada. Lo que más me sorprendio es que funcionó. Bueno, casi. Yo lloraba, pero lloraba para ser feliz, al fin. ¿Tiene sentido? Lloraba para no tener que estar mal nunca más. Abandonar todo lo que me hace mal, eliminarlo de mi vida. Ponerle un fin a todo esto. Ya era hora. Ya se me hacia muy extraño estar bien, y ahora ya no. No quiero estar mal, nunca más. En dos años ya fue suficiente, sin contar los otros, gracias.

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